
Cuando el sumo pontífice convocó a los fieles a la misa a que iba a dar en Liniers el viernes pasado con la consiga "Spinetta y las bandas eternas", pensamos que hablaba sólo en un sentido figurado. Pues bien, no fue tan asi: el recital que estaba programado a las 21.00 hs. empezó con una hora de retraso para terminar a las 3.30 de la mañana, marcando un nuevo récord en el rock nacional al respecto: cinco horas y media de duración!!.
Este exceso de cariño del ídolo para sus fans fue respondido por ellos de la misma manera. Cerca de 40.000 personas llenaron las instalaciones de Velez. Y si bien los estadios no son los mejores lugares para escuchar música, debemos reconocer que permiten consagrar estos rituales paganos masivos, como los que se vivieron anoche.
Aclaremos los tantos para los profanos: Spinetta es uno de los músicos más respetados del país. Pero desde hace un par de décadas al hermetismo tradicional de su música se le sumó cierta reiteración que terminó alejando a la mayoria de sus viejos seguidores. De todos modos hay varias generaciones que le están enormente agradecidas por su obra, especialmente aquella que hizo en la primera parte de su carrera. El evento del viernes parecía el lugar ideal para hacérselo saber.
Como era de esperar, en el estadio se veian cincuentones y cuarentones y hasta familias enteras, con hijos chiquitos. Sin embargo era muy fácil advertir que, por lo menos la mitad de los presentes eran menores de 25 años, lo que es un buen indicador de que el mito Spinetta (un "Dios de la adolescencia", como aquel tema de Invisible) sigue funcionando para los más jóvenes. A pedido de algunos amigos que no pudieron ir hacemos esta pequeña crónica del evento.
El recital estuvo dividido en dos segmentos: la primera parte, en compañia de una infinidad de invitados, abordó temas recientes y de los otros, especialmente de la etapa de Spinetta Jade. Justamente este grupo fue el único que no participó del segundo segmento dedicado a sus bandas históricas. Ante la ausencia (no explicada) de los bajistas de esa banda como Frank y Franov, Luis hizo un repaso del repertorio (exquisito) de aquella etapa en compañía de los tecladistas de esa banda Juan del Barrio, Diego Rapoport, Leo Sujatovich y el Mono Fontana.
El recital arrancó con dos muy buenos temas recientes "Mi elemento" y "Tu vuelo al fin" y enseguida llegó el primer invitado: Diego Rapoport. Con él llegaron las primeras nostalgias: "Quedándote o yéndote" del disco "Kamikaze" (en la tribuna contraria a la mia en cambio se escuchó "Ella también", cosas que solo pasan en los recitales del flaco), y "Umbral", de "Los niños que escriben en el cielo". Con Del Barrio tocaron "Sombras en los álamos" y "Alma de diamante". Me llamó la atención que el primer tema -completamente maravilloso por otro lado-, que cerraba el primer LP de Jade y que Luis escribió en base a sus lecturas de Carlos Castañeda, fuera seguida por la mayor parte del estadio con el mismo silencio -entre respetuoso y desconcertado-, que recibió cuando fue estrenada, allá por 1980. Con "Alma de diamante", en cambio, se produjo una de las mayores conexiones entre el ídolo y sus fans de toda la noche.
Al rato llegó Sujatovich, y con él los temas de "Bajo Belgrano": "Era de Uranio", "Vida siempre" y un fragmento de "Maribel se durmió". Con el Mono escuchamos una innecesaria "No ves que ya no somos chiquitos?". Nunca me gustó ese tema, y ahora tampoco. Además me parece que había unos cuantos mejores temas en "Madre en años luz" para tocar esa noche: sin ir más lejos "Diganlé" o "Enero del último día" hubieran sido óptimos.
Pero lo más emotivo de la primera parte fueron las visitas, incluidas la de un tipo que se hacía pasar por Charly García, aunque bastante más gordo: el flaco le dedicó "Filosofía barata y zapatos de goma", y después tocaron juntos "Rezo por vos", en el momento pachanga de la noche (cuando se junta con Charly el Flaco consigue levantar a las masas como sólo Luis Almirante Brown puede hacerlo). También estuvieron en la fiesta Fito Paez ("Las cosas tienen movimiento" y "Asilo en tu corazón"), Cerati ("Bajan" y "Te para tres"), Juanse (Pomeeeeelo, Pomeeeeelo) en "Adonde está la libertad?" de Pappo y su hermano Gustavo Spinetta (tocó la bateria en "Cementerio Club", tal cual hizo en 1973 en el histórico LP "Artaud"). Tambien hubo lugar para "La bengala perdida" y "Fina ropa blanca" además de homenajes a Miguel Abuelo ("Mariposas de madera") y a Litto Nebbia ("El rey lloro") y las visitas de Javier Malosetti, Beto Satragni y de Dante Spinetta (en "Necesito un amor", de Javier Martínez).
Ya era la una de la mañana del sábado -y hacía bastante frío en la platea de Velez- cuando subieron al escenario Machi y Pomo para completar el trío que quizás fue el mejor grupo de rock nacional de todos tiempos: Invisible. El repertorio que tocaron fueron cinco temas, si mal no recuerdo: "Durazno sangrando", "Perdonado", "Lo que nos ocupa es esa abuela, la conciencia que regula el mundo" (un tema nunca editado en LP y que está dentro de las perlas más importantes de la carrera del Flaco), "Jugo de Lúcuma" y "Amor de Primavera" de Tanguito, por supuesto. Comentario aparte para la participacón en ese tema de Lito Epumer en guitarra, reemplazando a Tommy Gubisch, el violero original de la última etapa del grupo que dejó a Invisible para irse a tocar con Piazzolla en una gira por Francia en 1977 para volver al país ... treinta años después!!! (se extrañó mucho a Tommy esa noche, especialmente por el lado de la Platea Alta Sur). Aunque ya era tarde y nuestros hijos estaban cansados, los que pasamos los 40 no pudimos menos que aflojar algunas lagrimitas ante semejante acontecimiento. Otro veterano que saltaba al lado mío me dijo: "la pucha, tantos años escuchando los discos, que lindo es Invisible en vivo!!". Y.. si. Es lo menos que podemos decir.
Antes habían pasado Los Socios del Desierto en tres temas dedicados al desaparecido batero Daniel Wirtz: "San Cristóforo”, "Bosnia" y “Nasty People" con Javier Malosetti en la batería. Paradojas del destino: el único fallecido de los grupos históricos de Spinetta perteneció a la agrupación más jóven, justamente los SdS (1997-99).
Pero la noche seguía. Un par de minutos de trabajo en el escenario y enseguida: Pescado Rabioso!!. Qué golpe tremendo al corazón!!. La curiosidad es que tantos años después, y pesar de la inactividad, el Flaco ascendió a los dos bajistas de la banda: David Lebón y el bocón Frascino pasaron a la guitarra, por lo que tuvo que pedir ayuda a Guillermo Vadalá para que se hiciera cargo del bajo. En la batería seguía marcando el ritmo, imperturbable, el histórico Black Amaya. Ah, y Carlos Cutaia en el delicioso y sentimental Hammond. El repertorio también fue corto y contundente: "Poseido del Alba","Hola dulce viento", "Credulidad", "Despiertate Nena", "Me gusta ese tajo" y "Post Crucifixión". Este último, a veces considerado el mejor tema de la historia del rock nacional, mereció un pogo bastante movidito entre la muchachada que bailaba en el campo.
Al final subió Almendra, lo que se suponía que era el principal acontencimiento de la noche, pero que, entre la hora y las emociones vividas, termino siendo un elemento más del evento. Estaban Emilio, Rodolfo y Edelmiro pero ... faltó Gonzalez Neira con su flauta . Muchachos, espero que no se olviden de invitarlo si el grupo vuelve a salir de gira, como andan diciendo por ahí. Tocaron "Color humano", "Fermín", "A estos hombres tristes", "Hermano Perro" y "Muchacha" y se despidieron. El flaco, que estaba de excelente humor, hizo una broma simpática pero, entre el bajo volumen del sonido y su habitual hermetismo, no entendimos si seguía o no la cosa. Ahí en la confusión nos fuimos unos cuantos. Otros ya se habían ido antes. Es que eran casi las tres de la mañana. Cuando me iba, saltando entre las plateas de Velez, sobre una de las puertas de salida casi me llevo puesto a una familia completa. Tenían dos nenes chiquitos; estaban los cuatro sentados con una manta que los protegia del frío. No hacían ni amagos de irse, esperaban abrazados -con resignación- la reaparición del profeta. Fue fuerte verlos así: quizás me lleve esa imagen para el resto de la existencia.
Mientras esperabamos el bondi, escuchamos "Seguir viviendo sin tu amor" desde la parada: dicen que la cosa duró un rato más. Nos fuimos con una sensación ambivalente: por un lado, la de haber presenciado un acontecimiento histórico, "el recital que estuvimos esperando toda la vida", como dijo Calamaro y que seguramente esté entre lo más importante que haya producido el rock nacional en toda su historia. Algo así como el recital definitivo del género. Por otro lado cierto aturdimiento producto de la aglomeración de emociones y también algún sentimiento de decepción: los estadios están hechos para el fútbol y no para la música; ni el sonido ni la visibilidad del escenario estuvieron a la altura de las circunstancias.
Nos queda la esperanza que en un futuro no muy lejano (y en un ámbito más adecuado) volvamos a reunirnos para rendir culto a ellos, nuestros grupos preferidos de todos los tiempos. Sin la presión de tener que hacerlo a todos juntos y en una misma noche, claro.